Sección: El mercado del jueves
10/05/06 El mercado de los jueves
Una de las características fundamentales de Granollers ha sido y continúa siendo su tradicional mercado del jueves. Actividad inseparable del desarrollo logrado. La inmejorable situación, como tantas veces hemos dicho, configuró la villa como un lugar de paso apto para todo tipo de transacciones.
En lógica correspondencia a su papel central, el comercio adquirió un protagonismo relevante. El mercado ha sido la base de la fructífera y enriquecedora actividad mercantil posterior. La formación de la vila medieval estuvo relacionada con la función de mercado, documentado ya en el año 1040, y que de una forma ininterrumpida se ha venido celebrando en la actualidad. Una actividad que ha dejado la huella en la toponimia de algunas de las plazas, escenario de esta manifestación cotidiana, siempre dentro del perímetro emmurallado. Nombres como los de la plaça de l'Oli, de les Olles y dels Cabrits, todavía existentes, o como los de la plaça del Bestiar, del Gra o dels Porcs, ya abandonados, pero no olvidados, son una buena muestra. Calles y plazas, pues, han acogido la frenética ocupación de los jueves que ha paralizado y, a la vez, dinamizado toda la actividad granollerense una vez a la semana.
La resistencia a cualquier cambio de emplazamiento del mercado, aun cuando fuera necesario, ha sido siempre motivo de polémica y oposición frontal. En julio de 1872, sin embargo, se trasladaba el mercado de granos y patatas a la plaza de la Libertad, actual plaça de la Corona, tras haber sido objeto de otros cambios. Uno de estos, incluso, se hizo mediante un plebiscito, el día 2 de noviembre de 1869, si bien al poco tiempo fue devuelto a la Porxada.
En agosto de 1930 un grupo de vecinos solicitaron al Ayuntamiento el traslado del mercado del ganado a la plaça de Verdaguer, con el objetivo de descongestionar el centro y potenciar, a la vez, la zona mencionada. Aceptada la petición, por acuerdo del pleno del día 21 de enero de 1931, la reacción no se hizo esperar. Comerciantes afectados juntos con varios tratantes y negociantes manifestaron su rotundo y total desacuerdo. Si el argumento era lógico y fácil de entender, el argumento en contra también tenía su justificación, puesto que comportaría una pérdida económica importante y, además, sería el Ayuntamiento el más perjudicado puesto que dejaría de recibir los tributos correspondientes. Al final, el acuerdo no se llevó a cabo.
Pocos años después, a mediados de 1934, se quiso hacer lo mismo, ahora en el Parc de l'Estació, y el Centro Gremial se opuso, pese a que se trataba, tan sólo, de una simple posibilidad. Poco a poco, sin embargo, aquello que en un primer momento podía representar un agravio comparativo acabó siendo una necesidad ineludible. Razones de salubridad y higiene aconsejaban el traslado del ganado hacia otras zonas menos conflictivas. A finales de 1940, ya se había trasladado a la plaça Barangué y, más tarde, a la calle Agustí Vinyamata. El problema se acabó, cuando perdió toda su importancia y el ganado dejó de acudir al mercado. Los negociantes, figura típica en otro tiempo, fueron desapareciendo de aquellas concentraciones. Los tratos ya no se hacían sobre el terreno, sino directamente con los mataderos, responsables de la distribución y la comercialización subsiguiente. Eran los grandes mercados centrales especializados los que fijaban los precios, y por lo tanto, el contacto personal se había vuelvo innecesario.
En el año 1967 se suprimirían los mercados vacuno y porcino.
A medida que la sociedad se iba industrializando y la agricultura y la ganadería acontecían una actividad marginal y minoritaria, el mercado del jueves cambiaba, también, su aspecto. Se transformaba, sin desaparecer, en un gran mercado urbano, donde los productos manufacturados acaparaban toda la oferta. La presencia de aves, entre las calles de Santa Elisabet, y la afluencia masiva de payeses provenientes de todas partes de la comarca, alrededor de la Fonda Europa, es la única reminiscencia del pasado. El interés de estos hombres quizás ya no sea el mismo de antes, pero la tradición, la necesidad de alternar e intercambiar información los hace volver, semana tras semana, al mismo lugar de encuentro.
El mercado semanal del jueves es un mercado multisectorial que se situa en varias calles y plazas del centro de la ciudad todos los jueves del año. Cuando el jueves es día festivo, tiene lugar el miércoles.
Ubicación:
- Calles: Sant Josep, Sant Jaume, Reguera, Sant Roc, Santa Anna, Anselm Clavé, Santa Esperança.
- Plazas: Església, Caserna, Oli, Cabrits, Porxada, Folch i Torras, Manuel Montaña, Olles, Maluquer i Perpinyà
El mercado semanal consta, aproximadamente, de 450 paradas que representan una ocupación de 2.200 metros lineales (también aproximados). La ubicación de las paradas sólo se hace por sectores en el caso de la fruta y la verdura (pl. Perpinyà y c. Sant Josep) y en el caso avícola en la plaza de Maluquer y Salvador.
El mercado está plenamente ocupado y raramente se producen bajas que permitan la incorporación de nuevos paradistas. Normalmente las bajas se ocupan con familiares y/o descendientes de los titulares tal y como prevé el reglamento.
El mercado semanal en Can Bassa tiene unas 24 paradas y ocupa 132 metros lineales.